El valor biológico y las propiedades nutricionales del aceite de oliva, antes de ser confirmadas científicamente han estado valoradas y reconocidas desde la antigüedad.
Las referencias bibliográficas y artísticas sobre el valor nutricional del aceite de oliva son innombrables y son el precedente de aquello que, modernamente se llama dieta mediterránea. Un término que hace referencia a una forma de comer -y de vivir- particularmente sana y natural.
Como veremos, el papel del aceite de oliva en una dieta sana y equilibrada es fundamental.
El aceite de oliva virgen ejerce un papel protector sobre las arterias, el estómago, la piel, el hígado, las vías biliares. Tiene efectos positivos en la regulación de la tensión arterial, mejora el perfil glucídico en aquellos que padecen diabetes, presenta un efecto inhibidor de algunas substancias cancerígenas. És, a la vez, un elemento fundamental en la época del crecimiento y desarrolla un valioso papel en el retraso del envejecimiento celular y en consecuencia de las personas.
.- Una composición en ácidos grasos en línea con las recomendaciones de la dietética moderna: rica en monoinsaturados y moderada en saturados y poliinsaturados.
Veamos los efectos biológicos más importantes en la salud humana..
Además de todo lo que se ha dicho, hemos de tener en cuenta que el aceite de oliva virgen es la grasa más estable ante el paso del tiempo y de los tratamientos térmicos. La generación de substancias tóxicas es, por tanto, mucho menor en relación a otras grasas. Esto le da un valor añadido ya que se trata de un producto susceptible de ser disfrutado tanto en crudo como en cocciones o fritos, sin pérdida apreciable de su valor nutritivo.
La interconexión entre aceite de oliva, salud, dieta y mar mediterráneo es clara y viene avalada por la historia. Últimamente, como hemos visto, su valor dietético y medicinal es reconocido internacionalmente por la comunidad científica.