El Aceite de oliva como fuente de grasa en la dieta

Los lípidos en general son unos nutrientes importantes que proporcionan a las células del cuerpo energía fácil de almacenar.

Su papel en el desarrollo de los sistemas reproductor y nervioso es básico. Así mismo son importantes para la piel y para el hígado. Son, además, el vehículo de transporte de las vitaminas liposolubles.

Es necesario hablar de la calidad de esos lípidos, ya que algunos ácidos grasos poliinsaturados -linoleico y linolénico- no pueden ser biosintetizados por los mamíferos y, por tanto han de ser incorporados a través de la dieta.

No obstante una ingesta excesiva de estos ácidos, según algunas evidencias, puede tener efectos negativos en términos de un incremento de la fluidez de las membranas, en un aumento de la formación de radicales libres o en una reducción del poder inmunitario...

Un correcto aporte lipídico ha de tener, pues, la cantidad justa de estos ácidos grasos, llamados esenciales. Esa situación es la que representa el consumo de aceite de oliva, producto en el que la relación Vitamina E/Poliinsaturados es la óptima.

Por ejemplo la ingesta de ácido alfa-linolénico, en la dosis que aporta el aceite de oliva, produce un aumento de la formación de ciertas prostaglandinas -substancias hormonales- que tienen un efecto en la reducción de la agregación plaquetaria y, en consecuencia, en la reducción del riesgo de accidente cardiovascular.

El equilibrio ácido y la presencia de componentes menores con importantes funciones biológicas hace que el aceite de oliva sea la grasa líquida más adecuada para utilizar como condimento, complementando o compensando aquellas grasas que van incluidas en los alimentos.