Existe una correlación directa entre el uso de ácidos grasos saturados y la hipertensión. Esta relación es inversa cuando hablamos de monoinsaturados y polinsaturados. Esto último es debido a una mayor producción de substancias (prostaglandinas) de acción hipotensora. Esta acción puede estar también justificada por el menor aporte de sodio que supone el consumo de grasas insaturadas en general.
Afinando más podriamos decir que el consumo de monoinsaturados favorece la bajada de las presiones sistólica y diastólica mientras que los poliinsaturados afectan únicamente a la bajada de la diastólica.
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